#elaguaenvenus

La plasticidad tóxica del paisaje de hierro no hace sino recordar un pasado que no existe, un presente que ya no tiene vida y un futuro sólo para la contemplación, la reflexión y la mística.

El paisaje árido y arrasado por la mano del hombre puede ser de una belleza indescriptible, igual que la desolación y el declive deja en nosotros mismos una rara ternura estética.

La soledad melancólica de la tierra roja hace pensar en las primeras huellas en otro planeta, ese planeta propio que escogemos para escaparnos del mundo.

La mañana me ha sorprendido explorando mundos extraterrenales.

Mis plantas caminan arenando barro rojo mientras mi cuerpo se eleva por falta de gravedad.

El cielo gris trae partículas de vida que se elevan por cien veces, con más fuerza.

Existe un peso en la Tierra que no nos deja volar con libre albedrío y se nos caen las manzanas al suelo, como las tentaciones.

Pero al menos no nos cambian de lugar las dunas en las noches de tormenta.

No es difícil imaginar pequeños átomos de vida abriéndose paso entre el frío que ahora el ser humano lucha por desentrañar como un misterio, entre las líneas cuadriculadas que nunca nadie fue capaz de leer, acariciando la epidermis del planeta. El polvo rojo que impregna la esperanza de futuro tiene un corazón azul en las entrañas con minúsculas partículas de vida que puede que renazcan, como el ave fénix, de sus cenizas.

Con estas imágenes, construidas durante tres años en varias visitas a las minas de hierro de Mazarrón (Murcia) me encontré con mis propios residuos, contrastes, paisajes imposibles. Una reflexión sobre la asfixia me llevó a imaginar la vida en planetas extraños. A concebirme a mí misma como planeta. Estas imágenes surreales, en ocasiones oníricas, me conectaron con la esencia y al mismo tiempo con la materia. Para mí tienen impresa la huella de una mano amiga y el descubrimiento de pigmentos nuevos en mi paleta de creadora.

Los pigmentos y texturas redescubiertos en la expresión abstracta me llevaron a compartir con Antonia Puertas, pintora, que además es mi madre, dos visiones y reflexiones en torno a una misma cuestión: la semejanza pictorialista de algunas realidades que parecen extraterrenales, ya sean captadas por la óptica de una cámara o por la paleta y materiales fijados sobre madera o lienzo.

De esta manera, se idearon nuevas piezas utilizando papel artesanal, papel de algodón, tela o lienzo, con el ánimo de jugar con el espectador a identificar cuánto de pintura, cuánto de fotografía hay en cada obra. Más que para relanzar el consabido debate, para experimentar visualmente con el lienzo y la paleta que nos da la naturaleza creadora. El resultado, ya enmarcado, puede verse a continuación.

Obras de Elena Pedrosa

Obras de Antonia Puertas

…Y fue así, cercana a la asfixia, cuando pude encontrar el agua…

Este proyecto fue expuesto en 2019 en la Casa del Mar del Puerto de Mazarrón (Murcia). También ha sido reseñado en el blog “La caja de membrillo” de Blas González en 2020.

Catálogo de la exposición